Leo Muebles nació en 2020, en plena pandemia, cuando el mundo se frenó… y nosotros decidimos empezar.
En ese momento, Leo trabajaba en la Policía Federal y Caro en ventas, desde su casa, en un call center. La rutina era agotadora, los días largos y la sensación de estar viviendo una vida que no terminaba de encajar era cada vez más fuerte. Leo hacía adicionales constantemente y casi no tenía tiempo para nada más. El cansancio físico y mental ya se sentía.
Todo cambió casi por casualidad. Un familiar que trabajaba en una fábrica de mesas le propuso a Leo hacer los fletes de las mesas que vendía. Leo tenía una Kangoo y esos viajes le permitían dejar algunos adicionales. Así empezaron, repartiendo mesas juntos.
Un día, después de entregar ocho mesas en un solo viaje, Leo dijo una frase que lo cambió todo:
“Si la gente compra tantas mesas, acá hay un negocio. Y hay que meterse.”
No fue fácil. Nadie quería pasarle una lista de precios. Insistió, publicó en Marketplace y empezó a vender. Los clientes pedían mesas… pero también sillas. Para comprar las primeras, Leo pidió usar ahorros que estaban destinados a arreglos de la casa. Caro se negó. Leo prometió devolver el dinero en un mes. Compró cuatro sillas, las publicó, se vendieron. Compró otras. Y así, una tras otra.
Pronto apareció un problema: la calidad. Las sillas que compraban no eran buenas y no había posibilidad de mejorarlas. Entonces tomaron una decisión que hoy define a Leo Muebles: fabricarlas ellos mismos, sin saber hacerlo.
Remodelaron el garaje de su casa. Pintaron el piso, improvisaron una mesa de corte y compraron una máquina de coser usada. Leo desarmó una silla, miró videos en YouTube y, con paciencia infinita, logró hacer la primera. Tardó muchísimo, pero lo logró.
Las ventas crecían. La gente iba a la casa a ver la calidad y compraba. Caro atendía clientes mientras trabajaba en el call, incluso pidiendo permiso para salir del baño y recibir personas en su propia casa. Hasta que un día, después de escucharla cerrar una venta de una hora por teléfono, Leo le dijo algo clave:
“Si podés vender así algo que no es tuyo, imaginá lo que podrías hacer con nuestro propio negocio.”
Cuatro meses después, Caro renunció.
Desde ese momento, todo fue crecimiento, aprendizaje y muchísimo esfuerzo. Se capacitaron, estudiaron ventas, marketing, producción. Empezaron a vender al interior del país, ofreciendo videollamadas para generar confianza cuando nadie los conocía. Funcionó. Y funcionó muy bien.
En menos de un año alquilaron su primer galpón. Luego otro. Fabricaron sus propias mesas, armaron la carpintería, salieron a repartir ellos mismos y contaron su historia a cada cliente que los escuchaba. Muchos les decían lo mismo: “Esta historia la tienen que contar.”
No todo fue fácil. Hubo traiciones, pérdidas económicas, momentos de angustia profunda y decisiones durísimas. Leo dejó su trabajo seguro. Apostaron todo. Literalmente todo.
Pero también hubo recompensas. Un concurso de emprendedores, una historia contada desde el corazón, una inversión que llegó cuando más la necesitaban y la posibilidad de mudarse a una fábrica más grande. Después, a una todavía mejor.
Hoy, Leo Muebles es una empresa con líneas de producción, equipos de carpintería, tapicería, ventas, logística y marketing. Muchas de las personas que hoy forman parte del equipo alguna vez fueron seguidores en redes. Eso no es casualidad: creemos en construir desde adentro hacia afuera.
Seguimos creciendo, aprendiendo y apostando. Porque si algo nos enseñó este camino es que cuando el trabajo es honesto, el esfuerzo constante y la pasión real, los resultados llegan.
Y esto recién empieza.
